miércoles, 14 de mayo de 2014

Investigación e Innovación en la UPNA

NOTA: La siguiente entrada reproduce literalmente una colaboración realizada para un número especial de la revista Negocios en Navarra

No es desgraciadamente extraño encontrarse con afirmaciones contundentes sobre el alejamiento entre la investigación que se lleva a cabo en las Universidades y su plasmación como innovaciones en productos o procesos que lleguen al mercado o a la sociedad. Y es que estas afirmaciones, prejuicios más bien, solo intentan presentar como un problema algo que habría de formularse como la simple constatación de una diferencia de funciones y objetivos: ni la misión de la Universidad es producir y vender, ni las empresas pueden permitirse desarrollar conocimiento que difícilmente puedan rentabilizar. El problema por tanto, o sería mejor decir el reto, es encontrar la vía de conexión entre la creación de conocimiento y su materialización en avances tangibles para las personas, y en beneficio económico y social.  Hay que decir por otra parte que en la consecución de este reto no son solo necesarias las universidades y las empresas, aunque sí seguramente las más importantes, sino que intervienen otros actores como centros tecnológicos y la propia Administración.
Sirva esta disquisición previa para contextualizar lo que ha sido y es el I+D+i en la Universidad Pública de Navarra, y lo que pretendemos que sea en el futuro. Me centraré especialmente en todo lo que tiene que ver con la investigación más aplicada, y en la actividad que deriva en resultados de interés práctico y aplicación a corto plazo. Es lo que habitualmente llamamos la Transferencia de Conocimiento, y que constituye ya el denominado tercer pilar de la Universidad, junto con los de Investigación y Docencia.
Superada una primera etapa de crecimiento intenso tras la creación en 1987 de la Universidad Pública de Navarra, la actividad de investigación se ha consolidado en los últimos quince años en torno a los Grupos de Investigación como unidades básicas, y cuyo número en este momento supera ligeramente los cien. Esos grupos han desarrollado, según su estrategia y sus fuentes de financiación, desde investigación fundamental o básica, hasta otra mucho más orientada o aplicada.  La UPNA ha fomentado y apoyado en cualquier caso la investigación de calidad, ya fuera básica u orientada, mediante la evaluación sistemática, interna y externa, y la subsiguiente financiación de estos grupos en función de sus rendimientos.
La colaboración con empresas se ha realizado mayoritariamente en base a contratos con las mismas, amparados por el Artículo 83 de la LOU (Ley Orgánica de Universidades). Es la denominada Investigación Contratada. Mediante estos contratos, la empresa recurre a los grupos de la Universidad para beneficiarse de su conocimiento, experiencia, equipamiento, etc., en actividades que van desde una simple asesoría hasta un complejo proyecto de I+D. Es evidente que las empresas que recurren a la Universidad reconocen no solo el conocimiento que ésta genera y atesora, sino también la capacidad de sus grupos de investigación, de muchos de ellos, en orientar ese conocimiento para resolver problemas concretos. Los grupos de investigación encuentran en estos proyectos la motivación que da el ver plasmado el trabajo propio en resultados tangibles, y en muchos casos inspiración para nuevos retos investigadores.
Si bien no todos los grupos de investigación en la UPNA realizan actividades de transferencia, ni todos lo hacen en la misma medida, puede afirmarse  que nuestra Universidad es muy activa en la colaboración con empresas, muy en especial con aquellas de nuestro entorno geográfico más próximo. Así, y antes de que la crisis produjera sus devastadores efectos, la UPNA firmó más de 130 contratos de colaboración con entidades privadas por importes de 3,2 M€, cifra muy notable. Por otra parte, en un estudio realizado recientemente se intentó valorar el grado de satisfacción tanto de las empresas como de los investigadores de la UPNA tras estos contratos de colaboración. El estudio aportó unos resultados verdaderamente positivos: así, por ejemplo, en un rango de 1 a 7, el deseo de volver a colaborar con la UPNA alcanzaba los 5,6 puntos, y el grado de confianza sobre los resultados de colaboración del 5,8.
La colaboración Universidad-Empresa mediante contratos ha sido, y es, la dominante en la UPNA y en general en todas las Universidades de nuestro país. Supone un mecanismo básico de contraprestación de servicio tecnológico, o de otro tipo, desde la Universidad a la empresa y, como se ha dicho, proporciona en general un resultado satisfactorio. Sin embargo, ha de reconocerse que es un modelo de colaboración que presenta limitaciones, sobre todo si se plantea como un “encargo” de la empresa a los investigadores. Una colaboración efectiva exige un conocimiento mutuo importante que derive en confianza, y un seguimiento continuo en el que los dos agentes se impliquen. Ello solo se consigue mediante colaboraciones estables que en ocasiones comienzan con una asesoría y devienen en proyectos a medio y largo plazo.
Otro modelo de colaboración que ha cobrado fuerza en los últimos años es el de los denominados proyectos colaborativos. En ellos universidades, empresas y otros agentes participan en un proyecto en el que todos obtienen beneficios. Unos en términos de nuevos productos o procesos a explotar, otros en propiedad intelectual, en publicaciones e incluso todos en propiedad intelectual de la que poder obtener rentabilidad económica. Una condición necesaria en este tipo de proyectos colaborativos es la participación de la administración dinamizando y cofinanciándolos, en aras de fomentar y consolidar colaboraciones estables de diversos agentes del sistema ciencia-tecnología-empresa. Ejemplos de proyectos colaborativos los encontramos en los programas CENIT o INNPACTO del Ministerio de Industria, o los EUROINNOVA del Gobierno de Navarra. En ellos la UPNA ha tenido un papel muy destacado en términos cualitativos y cuantitativos, muy especialmente en el área de Energía.
Por encima de todo, los proyectos colaborativos han tenido en nuestra Universidad un efecto dinamizador importante, ya que permiten cohonestar, más que en la investigación por contrato, la posibilidad de realizar investigación de corte más básico, con sus derivaciones en aplicaciones de interés para una empresa o grupo de empresas.
No es inhabitual que uno de los resultados materiales de la investigación realizada tanto en investigaciones contratadas o en proyectos colaborativos sea alguna patente, pero aunque la invención corresponda, total o parcialmente, a los investigadores de la Universidad, la propiedad industrial reside en el primer caso  en la empresa contratante, mientras que en el segundo suele ser compartida. Por ello este tipo de patentes no cuentan en el “haber” de la Universidad como uno de sus resultados, situación desafortunada ya que contribuye a la imagen de que la Universidad no se preocupa de buscar aplicación a los resultados de su investigación. Sin embargo patentes en explotación cuyos autores pertenecen a la UPNA están detrás de productos actualmente en el mercado como bioinsecticidas, convertidores de potencia en paneles solares, chips de comunicación o selectores de monedas.
Hay que decir también que en proyectos de investigación más básicos, nuestros investigadores ven en muchos casos el valor práctico de sus trabajos y solicitan la concesión de la patente correspondiente a través de la Universidad como entidad titular. Son las denominadas patentes universitarias. En esta cuestión, la del registro de patentes, la Universidad Pública de Navarra aparece sistemáticamente en los rankings, entre las seis primeras españolas (relativo a su tamaño), dato que viene a corroborar lo dicho anteriormente sobre la apuesta de nuestra Universidad por la transferencia de conocimiento.
El problema de estas patentes universitarias, no solo aquí sino en todas partes, es el de su comercialización y explotación. Ni las Universidades tienen estructuras de comercialización ni, habitualmente, las patentes tienen la madurez necesaria para ser reconocidas y valoradas por el mercado. De ahí que la Universidad Pública de Navarra, junto con las otras ocho universidades del denominado Grupo G9, se lanzó en 2011 a la creación de una Sociedad Limitada, denominada Univalue, de la que es socia, y cuyo objetivo es la valorización y comercialización de la cartera de patentes y tecnologías del grupo de Universidades.
Se trata de una experiencia pionera en nuestro país, y no demasiado común en el contexto internacional. Difícilmente una universidad del tamaño de la nuestra podría permitirse abordar la labor de valorización y comercialización de sus patentes, y por ello la alianza con otras universidades con este fin se ha considerado imprescindible. Univalue no ha nacido en las condiciones más favorables pero confiamos en que la intensa labor que se está realizando dé sus frutos más pronto que tarde.
Aparte de la comercialización de las patentes universitarias por la vía de licencias a terceros, una posibilidad alternativa, y particularmente interesante, es que sea explotada por los propios investigadores a través de la creación de una empresa, un spin-off universitario. Ni siquiera en ocasiones es necesaria, ni incluso conveniente, la existencia de tal patente, para  que el know-how más práctico dé lugar al producto o servicio que el spin off va a comercializar. Las universidades llevamos ya muchos años apoyando y promoviendo la creación de este tipo de empresas, aun en un entorno legislativo que no acaba de ser todo lo favorable que sería necesario. La UPNA aprobó el pasado año una normativa que regula incluso la posibilidad de que la Universidad como tal participe en el capital de sus spin-off, como una forma de dar soporte y empaque a la empresa y también de obtener retornos económicos si la iniciativa prospera.
Lejos de quedarse en una mera cuestión de deseo o voluntad, el trabajo desarrollado en este ámbito ha dado sus frutos. De las 13 spin-offs creadas en Navarra en los últimos cinco años, 11 han surgido de la Universidad Pública de Navarra, y siguen activas en este momento. Algunas de ellas han recibido premios en certámenes nacionales tan importantes como el premio Bancaja, el UniProyecta, o el RedEMPRENDIA.
Volviendo a la cuestión de la colaboración directa entre la UPNA y el mundo de la empresa, y siempre con el objetivo de explorar nuevos cauces que mejoren y faciliten esa colaboración, se puso en marcha hace casi tres años el programa de Cátedras Institucionales y de Empresa. Más allá de colaboraciones puntuales en proyectos concretos, se trata en suma de buscar alianzas estratégicas, estables en el tiempo a medio y largo plazo, con una financiación mínima garantizada, y dentro de las cuales puedan abordarse actividades de investigación, docencia, transferencia y divulgación. Se establecen mecanismos de seguimiento de la colaboración al mayor nivel institucional, que garanticen que se cumplen los objetivos planificados.
En este momento podemos destacar la Cátedra de Energías Renovables (con Gamesa, Acciona Energía, Acciona Windpower, Ingeteam y CENER), la Cátedra Grupo AN, la Cátedra de Investigaciones sobre la Igualdad y la Integración Social (Cruz Roja, Secretariado Gitano, Caritas, Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social), la Cátedra Mutua Navarra, y la Cátedra Colegio de Ingenieros. A ellas hay que unir también tres cátedras financiadas por Fundación la Caixa sobre Patrimonio Inmaterial, Liderazgo y Estrategia Empresarial, y UNESCO de Ciudadanía, Pluralismo y Convivencia.
Esperamos mucho de estas nuevas experiencias de colaboración, y confiamos también que a estas cátedras mencionadas puedan unirse otras en un futuro. Pretendemos hacerlo especialmente con empresas e instituciones que operan en nuestro entorno más próximo.
Otra iniciativa, ésta mucho más reciente, que se está llevando a cabo dentro de la UPNA es la creación de Institutos de Investigación. Estos institutos aglutinarán a los investigadores más activos en torno a las áreas de investigación más potentes de la Universidad, y con mayor potencial de transferencia al entorno. Sin abandonar las líneas de investigación ahora en curso, se trata de apostar por algunas en que el potencial de colaboración y las sinergias son mayores. La creación de estos institutos redundará sin duda en una mejor visibilidad y comprensión de la investigación, y de la oferta tecnológica de la UPNA, y por tanto facilitará también la interacción con el entorno económico y social.

En esta colaboración he intentado resumir de qué forma se aborda en la Universidad, y muy en particular en la Universidad Pública de Navarra, el objetivo de convertir la ciencia y la creación de nuevo conocimiento en valor económico y en progreso social. La Universidad debe preservar su función irrenunciable de investigar para contribuir a la creación de nuevo conocimiento, pero a la vez debe velar por que éste se oriente a la generación de ese valor. Para ello debe mantener una relación fluida con el entorno económico y social, especialmente el más próximo. El hecho de haber sido considerada, según el último estudio del BBVA-IVIE, como la cuarta universidad española en “Innovación y aplicación de sus resultados”, siendo solo superada por las grandes politécnicas, es sin duda una prueba del éxito en esta misión. Nuestra intención es seguir apostando en esta línea, y algunas de las iniciativas apuntadas más arriba nos permitirán sin duda mantener y mejorar nuestros resultados.

jueves, 10 de abril de 2014

Preparar el futuro o hurgar en el pasado

Los servicios y unidades de gestión de la investigación de las universidades españolas vienen sufriendo estos últimos años una sobrecarga de trabajo creciente. Esta podría ser hasta una buena noticia si fuera reflejo de un aumento en el número de proyectos de investigación o de las cantidades a gestionar. Nada de eso ocurre: por desgracia es consecuencia de un incremento de la carga de trabajo que suponen las cada vez más asfixiantes exigencias en la justificación económica de los proyectos y en las auditorías posteriores.

De forma sistemática se solicitan devoluciones de cantidades, en ocasiones irrisorias, por gastos supuestamente mal justificados y que tras la correspondiente alegación se quedan en la mayoría de los casos en una pérdida de recursos y de tiempo para un buen puñado de empleados públicos. Podrá decirse que si la justificación de gasto se hubiese hecho correctamente desde un principio, no se habría producido tal dispendio de recursos y tiempo, pero lo cierto es que cuando se audita un proyecto se aplican la mayor parte de las veces criterios nuevos sobre proyectos de investigación ejecutados hace más de un lustro, y para los que las reglas eran diferentes.

A ello se añade que los auditores suelen pertenecer a empresas subcontratadas por el Ministerio cuyo conocimiento de la Administración Pública es escaso, y el de la investigación más bien nulo.

Por encima de todo, lo que resulta verdaderamente triste y frustrante es que nadie se preocupe de evaluar los resultados científicos de los proyectos de investigación, o de si estos guardan relación o no  con la financiación recibida. El foco se pone, por ejemplo, en averiguar por qué un investigador ha dedicado cuatro días a un congreso que dura tres, sin reparar en que gracias a ello el viaje resultaba más barato.

Sin cuestionar por supuesto la necesidad de justificar y auditar adecuadamente el gasto público, a muchos nos parece que esto no deja de tener un fin puramente recaudatorio, que solo añade más frustración a todos los que nos dedicamos a la investigación. Debe ser que el afán controlador y fiscalizador es inversamente proporcional a los fondos que  se destinan a las ayudas (o rescates) a tenor que lo que ha ocurrido con la Banca. Por cierto, hemos tenido inspecciones en las que ha tenido que ser un banco el que certifique que un becario ha recibido su nómina, sin que la firma del Gerente de la UPNa fuera garantía suficiente de haberle pagado. Está claro que los bancos son para el Gobierno más de fiar que las Universidades.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La UPNA dice SI al Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra

La creación del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IISN) fue noticia de interés público y elemento de debate político en la primavera de 2011, y vuelve a serlo ahora más de dos años después. En aquel momento, porque la Universidad Pública de Navarra había sido, literalmente, ignorada en su creación y ahora porque no ha aceptado las condiciones con las que se le invita a formar parte del Instituto.

La UPNA ha hecho pública su decisión, tomada unánimemente por el más alto órgano de gobierno en el que está representada toda la comunidad universitaria, y, lo que es más importante , ha dejado claras las razones por las que la ha tomado, razones en las que pretendo abundar a continuación.

Cuando en 2011 la UPNA tuvo conocimiento del proyecto de creación de este Instituto consideró que no solo era conveniente que Navarra tuviera un organismo público de estas características, sino también necesario para el futuro a medio y largo plazo de la investigación sanitaria en nuestra Comunidad. En nuestro caso, se trataba de un interés genuino, porque aunque la existencia del IISN (en esencia un Instituto reconocido y acreditado por un organismo nacional) no es condición necesaria para el desarrollo de la investigación sanitaria en Navarra, su creación nos parecía de gran interés tanto para la Universidad Pública de Navarra y sus investigadores como para los investigadores del sistema sanitario público.

Nos parece interesante porque no podemos ocultar que la Investigación en temas de salud en Navarra, la pública me refiero, perdió el tren hace muchos años. Prueba fehaciente de la debilidad de la investigación pública en salud es el hecho de que, teniendo en cuenta los requisitos que la normativa exige para la creación de un IIS, sería imposible en la actualidad en la Comunidad Foral de Navarra constituir tal instituto sin el concurso de la sanidad privada. Pero el IIS, aunque sea en sí un elemento valioso para la investigación, no se puede ver como la panacea para que el sector público vuelva a engancharse a ese tren.

Y es que también creemos, y así lo hemos defendido, que resultaría ingenuo pensar que una investigación sanitaria pública residual, al lado de una privada con mucha más fuerza, vaya a crecer en un instituto en el que al socio privado se le otorgan prerrogativas que ninguno de los otros socios públicos, UPNA y Gobierno de Navarra tendrían.

Me refiero, y esto es lo que la UPNA ha defendido en todo este tiempo,  al derecho de veto implícito que subyace en la composición y formas de votación del Patronato en cuestiones tan relevantes como modificaciones estatutarias, elección del director científico, o determinación de líneas de investigación, por ejemplo. Este es el meollo de la cuestión: más allá del juego de cifras que a veces se manejan descontextualizadas (patronato 50% público, 50% privado, 2/3 de mayoría cualificada para las decisiones importantes), lo importante desde nuestro punto de vista es que un Instituto de Investigación Sanitaria que aglutine toda la investigación de Navarra en este ámbito y que maneje, no nos engañemos, financiación mayoritariamente pública, no debe dar semejante capacidad de decisión estratégica a una entidad privada.

Ello no significa que una entidad privada sin ánimo de lucro, cualquiera que sea, y que pertenezca a un instituto de estas características no pueda obtener recursos económicos y apoyo de todo tipo si sus proyectos tienen el nivel científico exigido y se enmarcan en las líneas y objetivos estratégicos determinados por el centro. Pero precisamente la clave radica en la distinción de estas dos cuestiones. Las líneas estratégicas deben definirse fundamentalmente en el ámbito de lo público, teniendo en cuenta por supuesto a otros actores. ¿Cómo si no se han elaborado el Plan Estratégico de Salud o los Planes Tecnológicos de Navarra?. Respecto del nivel científico, todos los investigadores tenemos asumido e interiorizado que competimos con otros para conseguir fondos. Eso sería así dentro del instituto, pero está claro que no todos parten en las mismas condiciones ni por tanto tienen las mismas posibilidades.

Llegados a este punto, habrán podido comprobar que aún no me he referido a la investigación o los investigadores de la UPNA. Y es que, y eso queda patente en el Acuerdo de Consejo de Gobierno, nuestro planteamiento no ha sido nunca qué ganaría o perdería nuestra institución aceptando estar en el IIS en estas condiciones, ni si nuestro peso en él ha de ser mayor del que se nos otorga.

En la UPNA somos plenamente conscientes de nuestro peso relativo en la investigación sanitaria.  Es cierto que somos ambiciosos de cara al futuro, como no podía ser de otro modo, y seguimos trabajando en situarnos en el ámbito de la investigación sanitaria en el nivel de excelencia en el que ya nos hemos situado en otros ámbitos científicos en nuestros 25 años de vida.  Por ello la UPNA a pesar de no contar, de momento, con una Facultad de Medicina ha hecho una apuesta clara por la investigación en salud y seguirá por tanto buscando las colaboraciones y financiación necesarias para mejorar los magníficos resultados conseguidos.
Nuestra postura es clara. Como también parece claro el apoyo mayoritario de los investigadores del SNS a la propuesta del Departamento de Salud. La postura es muy comprensible desde la óptica de quien ve en el IIS una oportunidad de salir de una situación en la que su investigación se desarrolla con grandes dificultades. Habría que preguntar a todos los sanitarios que ahora no pueden investigar pero aspiran a hacerlo si se sentirán cómodos en un IIS como el que se les ofrece.

Dicho todo lo anterior, hemos de valorar muy positivamente el esfuerzo realizado por el Departamento de Salud del Gobierno de Navarra intentando conseguir un acuerdo entre todas las partes, aunque seguimos sin entender la razón última de por qué la dirección estratégica de un organismo público tiene que depender del veto de una entidad privada.  No nos queda duda, y así se nos ha hecho saber, de que su deseo es que formemos parte del futuro IIS. Y se nos pide que reconsideremos nuestra postura, y eso es lo que ya hemos hecho con un segundo Consejo de Gobierno para tratar monográficamente este asunto. 


Y hemos dicho, rotundamente, que sí queremos estar en el IIS, pero no en estas condiciones. La solicitud de reconsiderar debe apuntar ahora en otras direcciones de las que, por cierto, todavía no conocemos su posición ni sus razones. El Departamento de Salud debiera explicar por qué renuncia a ese liderazgo público, y la Universidad de Navarra qué le impediría aceptarlo.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Sobre Investigación, Transferencia e Innovación: Bach o Mastropiero

Siempre me ha parecido ver muchas analogías entre  música e investigación. No en vano, ambas actividades implican una enorme creatividad (si son de calidad). He conocido muchos grupos, ya sea de rock, música clásica,...que difícilmente podían cubrir gastos haciendo lo que verdaderamente les gustaba y hacían bien, limitándose a tocar ante unos pocos incondicionales, colegas y familiares (ya se sabe fools, family and friends). En consecuencia tenían que intentar ganarse la vida tocando en fiestas de pueblos, en bodas y en otras celebraciones. Vamos, que "transferían" su conocimiento y virtuosismo en "innovación" (lo que el mercado demanda y compra), con la esperanza de poderse ganar algún día la vida exclusivamente con su arte. Alguien podrá argumentar que tocar en bodas o en festejos es una actividad muy digna con la que, si uno es bueno, puede hasta ganarse un buen dinero. Totalmente de acuerdo; pero para eso, seguro que no es necesario sacrificarse, hacer una carrera de piano, formarse con una beca en el extranjero, etc, etc. Una cosa es hacer música, y otra tocar canciones.
Viene a cuento esta analogía para evidenciar el riesgo enorme que hoy corre la investigación. Bajo los mantras de la transferencia y la innovación, a veces no hay sino una presión a los grupos de investigación para que hagan actividades por encargo y meros servicios que se apoyan solo en sus conocimientos y capacidades, pero no en su genuina labor creativa e investigadora, dejando esta última en un segundo plano. Una cosa es intentar buscar  una aplicación (social o económica) y rentabilidad de la investigación lo más inmediata posible, o incluso orientar la investigación a sectores o problemas concretos, y otra muy distinta pensar que la investigación como mera generadora de conocimiento o de tecnología no tiene sentido, y por tanto no financiarla. Además, es necesario asumir que mucha de la investigación básica que se realice, y por tanto se financie, puede no conducir a ningún resultado, pero sirve de soporte a descubrimientos radicales en beneficio de la humanidad. En nuestra mano está elegir si queremos solo la inmediatez de los resultados poniendo en riesgo el futuro, o apostar por apoyar de verdad la investigación . Elegir entre intentar tener un  Johan Sebastian Mastropiero (*) o un Johan Sebastian Bach.

(*) Johan Sebastian Mastropiero, es el personaje imaginario descrito por el grupo Les Luthiers en los siguientes términos "Toda vez que -por necesidades económicas- Mastropiero se vio obligado a componer música a pedido o por encargo, produjo obras mediocres e inexpresivas. Por el contrario, cuando sólo obedeció a su inspiración, jamás escribió una nota."

lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Otro castigo a la Investigación?

La semana pasada recibimos una resolución del Ministerio de Industria, Energía y Turismo por la que se denegaba una ayuda de la que previamente habíamos recibido comunicación de concesión (provisional). La razón aducida tiene que ver con el incumplimiento por parte de la Comunidad Foral de Navarra de los objetivos de estabilidad presupuestaria, y que ha derivado en un informe negativo por parte del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Una situación similar ya la habíamos sufrido en la convocatoria de 2011 del Programa de Campus de Excelencia, en la que también se nos concedió provisionalmente la ayuda, como a muchas otras universidades, para posteriormente no recibir un solo euro tras la intervención de Hacienda.
La diferencia viene ahora derivada de que se trata de una subvención, y no de un crédito como en el caso del Campus de Excelencia, y aunque la cantidad en cuestión es pequeña, unos 1.800 €, hace temer que peligren también las subvenciones de proyectos del Plan Nacional de Investigación por un valor cercano en nuestro caso a 1 M€.
No sé si los investigadores universitarios tenemos tanta casta como nuestro lenguaraz ministro Wert que "como los toros bravos se crece ante el castigo", pero de confirmarse estos temores, esto sería un bajonazo a la investigación de este país.

jueves, 4 de octubre de 2012

Más sobre Excelencia en Investigación

En mi última entrada me refería al encuentro de la UIMP sobre la Excelencia en Investigación, sobre el que vuelvo en esta nueva entrada. Resultó significativo que muchos de los ponentes iniciaban su intervención analizando las acepciones y la etimología de la palabra "excelencia", para a continuación intentar acotar qué era la excelencia investigadora. Lo único que pareció claro de todo ello, al menos a mí, es que excelente es lo que sobresale del conjunto, sin que esté nada claro cuánto debe sobresalir y cómo se mide esto. Excelente es por tanto una parte, necesariamente pequeña, del conjunto en que se compara. Un magnífico ejemplo, o contraejemplo más bien, es el programa de Campus de Excelencia Internacional. Después de tres años de convocatorias, no hay prácticamente ninguna universidad (pública) que se haya quedado fuera de un Campus de Excelencia, si bien es verdad que no todos los Campus son de la misma categoría (Regional, Prometedor,..). Es obvio que si todos son de excelencia ninguno sobresale, con lo que tampoco puede ser excelente. Ejemplos similares podemos encontrar en los doctorados con mención de excelencia, y en otras convocatorias que sin llevar ese calificativo, lo asumían implícitamente.
Así que me temo que estas nuevas pretensiones de apostar por la excelencia acaben siendo de nuevo café para todos, con el agravante de que habrán dejado por el camino una gran parte de ofendidos en el colectivo de investigadores, y a todos agotados por someternos al enésimo proceso de evaluación. Para eso sería mucho mejor, como he dicho en otro momento, intentar en primer lugar elevar el nivel global de la investigación de este país y primar especialmente a quien destaque (si antes hemos evitado que se vaya).
Otro ejemplo de excelencia, y este sí que de verdad, es el logrado con los programas ICREA e Ikerbasque, de los que se habló también en Santander. Son dos ejemplos similares que muestran la clara visión y apuesta por la investigación que han tenido en Cataluña y en la CAV. Es tan simple como poner dinero encima de la mesa para contratar a investigadores, sobre todo jóvenes con enorme potencial y aportarles las condiciones necesarias para desarrollar un proyecto a medio plazo, independientemente de su origen, del área de investigación, y del centro al que se incorporen. Cuando la mayoría ha apostado por atraer inversiones que en muchos casos se van, o aportan solo puestos de trabajo a corto plazo, la decisión en estos casos ha ido por traer y anclar verdadero talento con resultados tangibles, eso sí, no a corto plazo. Y con esto no digo que no haya que intentar traer inversiones. Las cifras que aportaron son suficientemente elocuentes. En el caso de ICREA el coste de todo el programa en 2011 fue de 26,2 M€, mientras los fondos obtenidos por los investigadores ICREA fueron 48,4 M€, de los que la mitad aproximadamente provienen de fuera de nuestro país. A ello hay que añadir un buen número de patentes de las que 10 se licenciaron a empresas.
No haré una regla de tres, en función a nuestro tamaño relativo, para ver lo poco que costaría tener un programa así en Navarra.

lunes, 1 de octubre de 2012

La Excelencia en la Investigación

Hace escasas fechas se celebró en Santander, en el marco de los cursos de verano de la UIMP, un encuentro sobre la Excelencia en la Investigación. Como suele ser habitual en estos encuentros, el interés principal, más allá del tema de debate, se derivaba de la presencia de responsables de los Ministerios de Economía y Competitividad, y Educación, Cultura y Deporte. Ya en foros anteriores se venía transmitiendo por parte de estos responsables el mensaje de que en tiempos de pocos recursos como los que vivimos no se puede seguir financiándolo todo y se debe apostar por la investigación de "excelencia". Visto desde la barrera, el argumento de priorizar en tiempos de escasez aquello que es excelente puede resultar plausible. Sin embargo un análisis de la realidad de la investigación española hace que el argumento se debilite. Ciertamente nuestro país había conseguido una amplia base investigadora que le ha colocado en el nivel internacional acorde con su desarrollo económico, al menos en términos de producción científica. Sin embargo no hemos logrado, salvo contadas excepciones, destacar y liderar líneas punteras de investigación. Todo el mundo está de acuerdo en que lograr esto último requiere que esa base esté suficientemente consolidada y alimentada, cosa que por desgracia no ocurre en nuestro país con una trayectoria investigadora todavía muy corta. Recurriendo al símil futbolístico, no es posible generar grandes jugadores estrella si no se parte de una amplia base de jugadores, formados desde tempranas edades, y se espera el tiempo necesario .
Por ello, los efectos de esta decisión pueden ser devastadores para nuestro sistema, y de hecho algunos efectos concretos ya se empiezan a notar. En la convocatoria de proyectos del Plan Nacional han quedado fuera de la financiación un buen número de proyectos de I+D propuestos por grupos con amplias trayectorias que, hasta la fecha, habían venido recibiendo financiación de forma consistente. Es sabido además que el no disponer de un proyecto financiado del Plan Nacional tiene un efecto dominó en otras convocatorias en las que acreditar ese proyecto es condición necesaria. Pero por encima de todo está la desmotivación que esos investigadores senior pueden sentir tras mantener líneas de investigación activas durante un buen número de años y, de repente, ver cómo dejan de ser apoyadas. Para investigadores jóvenes puede suponer aún una desmotivación mayor.
Por ello, parece que tendría más sentido intentar mantener el sistema de ciencia financiado en toda su base, manteniendo los mismos criterios de calidad utilizados hasta la fecha, aún con una financiación menor. Los grupos y centros más potentes siempre tendrán mejores opciones de obtener financiación en convocatorias europeas.
Pero en el fondo, todo el debate sobre la financiación sigue ocultando los verdaderos problemas estructurales que aquejan a la investigación en España, y muy en particular a las Universidades, como mayores productores de ciencia en nuestro país. Ya casi nadie cree que la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, y una de sus hijas, la Agencia Estatal de Investigación vayan a arreglar gran cosa, totalmente anuladas en la práctica por los corsés de la LOU, la legislación laboral (a la que se ha añadido la casi imposibilidad de contratar nuevo personal), Ley de Extranjería y un sinnúmero de trabas de todo tipo. Este periodo de crisis sería una buena oportunidad para intentar arreglar todo esto aunque, a la vista de cómo está legislando este gobierno, casi mejor que no toquen nada.