Pasado el ecuador de la campaña electoral en la UPNA, cansancio y enorme satisfacción. Han sido, además de la rueda de prensa, seis entrevistas a medios de comunicación y nueve encuentros con la comunidad universitaria. Con la excepción del primero cuya convocatoria quizás fue un tanto precipitada, los encuentros han tenido una muy nutrida asistencia, por encima de 300 personas en total, a lo que se suman hasta hoy 4.868 accesos a páginas de este Blog. Las preguntas sobre mi proyecto han derivado en intensos e interesantes debates sobre cuestiones universitarias que han puesto de manifiesto las diferentes visiones entorno a los mismos.
Esto reafirma mi percepción de que una gran parte de nuestra comunidad universitaria está deseosa de un debate en profundidad, en el que poder expresar sus puntos de vista, escuchar y ser escuchados. Creo que es necesario crear cauces para facilitar estos debates más allá del periodo electoral. Tomo nota.
sábado, 9 de mayo de 2015
martes, 5 de mayo de 2015
Presentación de mi candidatura a Rector de la UPNa
Hoy comienza oficialmente la campaña electoral a rector de la Universidad Pública de Navarra. He tomado la decisión de presentar mi candidatura, por lo que a lo largo de estos días presentaré y debatiré mi proyecto para los próximos cuatro años, y escucharé las propuestas e inquietudes de toda la comunidad universitaria.
Este blog personal, que abrí hace ya más de tres años y en el que he volcado mis opiniones sobre la universidad, servirá ahora como un medio más de comunicación de mi candidatura no solo para toda la comunidad universitaria, sino también para el conjunto de la sociedad, que es a quien la Universidad debe servir.
En él podrás encontrar los detalles del proyecto y, lo que no es menos importante, un resumen de mi trayectoria, mis motivaciones, mi compromiso y mis visiones sobre la universidad presente y sobre su futuro. También encontrarás información actualizada de las novedades de la candidatura, el calendario de encuentros, y por supuesto podrás introducir los comentarios y preguntas que desees sean respondidas, con la única condición de que te identifiques.
Este blog personal, que abrí hace ya más de tres años y en el que he volcado mis opiniones sobre la universidad, servirá ahora como un medio más de comunicación de mi candidatura no solo para toda la comunidad universitaria, sino también para el conjunto de la sociedad, que es a quien la Universidad debe servir.
En él podrás encontrar los detalles del proyecto y, lo que no es menos importante, un resumen de mi trayectoria, mis motivaciones, mi compromiso y mis visiones sobre la universidad presente y sobre su futuro. También encontrarás información actualizada de las novedades de la candidatura, el calendario de encuentros, y por supuesto podrás introducir los comentarios y preguntas que desees sean respondidas, con la única condición de que te identifiques.
lunes, 13 de abril de 2015
Innovación desde la Universidad Pública de Navarra
NOTA: Esta entrada reproduce la colaboración realizada para la revista Negocios en Navarra en su número especial de Marzo de 2015 sobre Innovación.
Escribía en este medio hace unos
cuantos meses sobre este mismo tema, y relataba entonces los diferentes
mecanismos e instrumentos que desde la Universidad Pública de Navarra se
utilizan para fomentar la traslación de resultados de la investigación en
innovaciones, esto es, en productos, procesos o servicios de valor comercial o
social. Me piden ahora, con motivo del aniversario de Negocios en Navarra,
escribir sobre este mismo asunto y lógicamente debo abordarlo desde otra
perspectiva para no repetir ideas y argumentos. Sin embargo, sí que me gustaría
insistir, como entonces, en una cuestión previa y es la de negar el discurso,
por suerte cada vez menos extendido, del alejamiento entre la investigación
universitaria y las necesidades de las empresas, y por tanto de la innovación.
Muchos datos de los que me he hecho eco en otras ocasiones así lo atestiguan de
forma palmaria. En el caso particular de la Universidad Pública de Navarra, la
última edición del U-Ranking del BBVA-IVIE publicada en marzo vuelve a ponernos
en las posiciones de cabeza en “Desarrollo Tecnológico e Innovación”, superados
por universidades de corte politécnico. En esa clasificación se tienen en
cuenta indicadores que miden ingresos por contratos y servicios a empresas,
patentes o cursos de formación continua.
El proceso que conduce a una
innovación no se ve, ya desde hace mucho tiempo, como un mecanismo lineal,
simple, que lleva la generación de un conocimiento o idea nueva (por ejemplo en
la universidad) a un producto con valor
práctico o comercial (desarrollado en una empresa). Hoy día se reconoce que el proceso puede ser,
o es, mucho más complejo que todo eso y paradigmas como la innovación abierta (open innovation) plantean la necesidad
de múltiples actores, con conexiones complejas que dan lugar a esas deseadas
innovaciones. En este sentido, las Universidades, en la medida en que una de
sus misiones básicas es la de generación de conocimiento a través de la
investigación, son agentes clave en el
ecosistema de la innovación. De hecho, lo han sido siempre, aunque de
forma inconsciente y no explícita. No es necesario relatar cuántos frutos de la
investigación (universitaria o no) constituyen la base de innovaciones
radicales que han servido al progreso y al bienestar humano, y evidentemente al
desarrollo económico.
Sin embargo, la posición y el
papel de las universidades en estas cuestiones han evolucionado, de forma muy
rápida en las dos últimas décadas, y lo seguirán haciendo. El primer cambio
tiene como base la propia concienciación de ser parte del proceso de
innovación: llegar a un resultado tangible, aplicable, y no digamos ya
vendible, no era un parámetro que generalmente se considerara al plantear un
proyecto de investigación, sino que como mucho se presumía sería consecuencia
natural cuando “otros” repararan en su valor. Hoy día, la orientación hacia
resultados tangibles está presente, en mayor o menor medida dependiendo de la
disciplina, en muchas de las investigaciones que se inician, y de hecho es más
habitual que sea un parámetro fundamental a la hora de asignar financiación al
proyecto. Las convocatorias del programa H2020 de la Unión Europea son un buen
ejemplo de ello.
El segundo cambio tiene que ver
con el tiempo. Poco importaba antes que los resultados más tangibles o
prácticos de una investigación llegaran al cabo de mucho tiempo, si alguna vez
lo hacían. Las investigaciones de corte más fundamental requieren de plazos
medios o largos y de continuidad para producir sus frutos más relevantes, pero
eso debe y puede ser compatible con extraer a lo largo del proceso frutos en
tiempos cortos. A veces resultados fallidos o marginales, sin interés en el
objetivo final, tienen aplicación en otros ámbitos, pero para que sea así es
necesario estar concienciado y preparado para identificarlos. La investigación
espacial o la de altas energías son un buen ejemplo de ellos.
Pero naturalmente esta visión
finalista no puede adquirirse desde una posición aislada en el sistema de
innovación, sino que requiere de una interacción permanente con el resto de
agentes, entre los que se cuentan empresas, centros de investigación,
facilitadores (OTRIS, consultores…) y la Administración. Y por supuesto con una
visión y alcance absolutamente globales, dado que la innovación no conoce
fronteras. Es por tanto imprescindible explorar cualquier tipo de cauce que
facilite en primer lugar el conocimiento y en segundo la interacción entre los
diferentes agentes mencionados más arriba. Es más, cuando a veces y de forma
simplista hablamos de “la universidad” o “la empresa” (especialmente la grande)
como entes monolíticos, pasamos por alto que dentro de ellas hay a su vez
muchos compartimentos estancos que necesitan comunicarse entre sí, además de
con el exterior.
En este sentido, y en lo que se
refiere a la Universidad Pública de Navarra y a nuestra Comunidad por
extensión, se han dado en los últimos meses varias circunstancias que pueden
ser claves para acelerar los procesos de innovación en los que estamos
inmersos. Dentro de la propia Universidad está la creación de los dos primeros
Institutos de Investigación (Smart Cities y Advanced Materials), a los que
seguirán previsiblemente otros. En su concepción está el objetivo de fomentar
la interacción entre nuestros propios investigadores en entornos
multidisciplinares, y el de conseguir una mejor interlocución con el entorno,
tanto local como nacional e internacional. Está previsto que estos Institutos
establezcan mecanismos de comunicación permanente con el sector productivo y la
sociedad. Si bien los investigadores que configuran estos institutos tienen una
amplia y acreditada experiencia investigadora y de colaboración con la empresa,
el nuevo marco de los institutos está preparado para facilitar el camino hacia
la innovación.
Otro elemento llamado a tener un
enorme impacto en la misma dirección, pero a medio y largo plazo, es la
creación de la Escuela de Doctorado de Navarra, EDONA. La Escuela, en su primer
año de andadura, nace de acuerdo con un nuevo modelo en la formación de
investigadores, en el que la visión de los doctores como agentes claves en la
innovación es un sello de identidad. Es fundamental que los futuros investigadores
inicien su proceso formativo con una perspectiva mucho más abierta que la de
especializarse en un ámbito investigador concreto, como ocurría en el pasado.
Pretendemos ahora que sean más permeables a la influencia del entorno
productivo y que adquieran capacidades y habilidades de comunicación con él, y
que además se produzca una mayor interacción entre doctorandos de ámbitos de
conocimiento diferentes. La propia Escuela incluye en su comité de dirección
personas ajenas a la Universidad que pueden ayudar a orientar correctamente
esta nueva estrategia. Entre otros elementos, queremos fomentar doctorados
industriales que, bajo la dirección académica universitaria, se desarrollen
esencialmente en empresas o centros tecnológicos.
Un tercer elemento tiene que ver
con la creación de empresas a partir de resultados de la investigación
universitaria, denominadas EBTs (Empresas de Base Tecnológica) en sentido
amplio aunque su negocio no esté basado necesariamente en tecnología. Se trata
de facilitar el camino hacia la comercialización de resultados de
investigaciones, con la implicación y participación de los propios
investigadores en la empresa, y que culmina un proceso iniciado en la
universidad. Las universidades estamos comprometidas desde hace tiempo en el
fomento y la incentivación de este tipo de iniciativas porque constituyen un
mecanismo muy eficiente de convertir la investigación en innovación. No solo
eso sino que hemos desarrollado procedimientos y mecanismos que, de acuerdo con
modificaciones legislativas recientes, permiten a las universidades participar
en el capital de las empresas así creadas, dotándolas de un mayor impulso y
posibilitando eventualmente el retorno de beneficios. En esta línea, en fechas
recientes la Universidad Pública de Navarra ha aprobado la participación en dos
empresas creadas por investigadores de la casa, NADETECH Y NAUDIT, y se estima
que este año habrá al menos otras tantas. Es oportuno destacar aquí que los
investigadores (profesores) que están detrás de estas empresas acreditan
trayectorias investigadoras muy relevantes, lo que demuestra que investigación
básica e innovación no son incompatibles.
No quiero terminar esta
colaboración sin mencionar un hecho, externo a la Universidad Pública de
Navarra, pero que creo está llamado a tener un gran impacto en la mejora del
ecosistema de innovación en Navarra. Me refiero a la creación de la corporación
tecnológica Aditech, que aglutina centros tecnológicos ya existentes en nuestra
comunidad. Me refería antes a la necesidad de una intensa interrelación y
colaboración entre los diferentes agentes para mejorar la eficiencia en los
procesos de innovación, y en este sentido Aditech nace con vocación de estrecha
colaboración con la Universidad, actuando entre otras cosas como tractora de
resultados de investigación hacia el mercado.
lunes, 2 de febrero de 2015
Los tópicos sobre la Universidad o la mala educación
El pasado lunes 26 de Enero tuvo lugar, organizado por el
Consejo Social, un encuentro sobre el Emprendimiento
en la Universidad Pública de Navarra. Hubo nutrida asistencia de personas de
dentro y fuera de la casa, en particular de aquellos que forman parte del
denominado Foro Social.
En su introducción el presidente del Consejo Social, Román
Felones, recomendó con acierto que en el debate procurásemos huir de los
tópicos, intentando ser constructivos. Tras las presentaciones de Cristina
Bayona (directora de área de Transferencia de Conocimiento), Ignacio Matías
(profesor de la UPNA, en calidad de emprendedor) y Carlos Fernández Valdivielso
(Director Gerente de SODENA), se produjo un debate con aportaciones variadas,
constructivas e interesantes.
Pero hete ahí que, cuando la cosa terminaba, uno de los
invitados se despachó con el consabido argumento del alejamiento de la
Universidad de las Empresas, el desconocimiento de la investigación que hace la
Universidad, y que en junio tenemos exámenes y en verano vacaciones y, por
tanto no atendemos los requerimientos de la (su) empresa. Por educación, y
porque no era el lugar, no se me ocurrió rebatir con datos no ya solo que eso
era una opinión poco sólida, sino que además estaba mintiendo en parte de la información
aportada. Por suerte, un joven profesor contratado doctor de la casa se encargó
con cierta ironía de poner las cosas en su sitio.
Pero hete ahí también que,
al decir que era profesor “contratado” y que él trabajaba muchas horas e
incluso los fines de semana, otra persona presente intervino y con “mucha gracia”
dijo: “¿has dicho que eres contratado?”, dando a entender que si fuera funcionario
no trabajaría tanto.
Puedo llegar a aceptar tópicos como los anteriores, y estoy
casi convencido de que es imposible luchar contra ellos, cuando mi padre, año
tras año, me sigue preguntando al llegar los sanfermines eso de “¿Qué?¿hasta
septiembre fiesta no?”, obligándome a responder: “No, papá, en la Universidad seguimos
trabajando”. Pero lo que no puedo soportar es la mala educación. A mí me
enseñaron de pequeño que si alguien me invita a su casa, y acepto, debo ser en
primer lugar agradecido. Si no me gusta la comida que me ofrecen decir educadamente
que no me apetece, y no opinar sobre un cuadro que me parece horrible salvo que
insistan en que dé mi opinión.
Solo la mala educación, o la mala fe, pueden explicar la
actitud de algunos a los que invitas a tu casa a que den su opinión sobre un
asunto y aprovechan para escupir sus prejuicios y tópicos sobre otros que nada
tienen que ver. Dicho esto, reconocer que la buena educación y la actitud
positiva fueron, hechas estas excepciones, la norma en el resto de los asistentes, y así debo
hacerlo notar y agradecer.
viernes, 30 de enero de 2015
Más sobre Rankings de Universidades
La publicación del ya famoso ARWU
Ranking, o ranking de Shanghái, ha supuesto un cambio radical en el discurso
político sobre las Universidades, especialmente en España, que alguien con
conocimiento en estos asuntos debiera analizar en profundidad e intentar explicar.
Lo que nació como una clasificación para uso interno en un país, China, se ha
convertido en una referencia casi sagrada que está sirviendo incluso para
definir dudosos objetivos en las políticas de educación e investigación: que
alguna de nuestras Universidades figure entre las 100 mejores del mundo.
La constatación de que ninguna de
nuestras Universidades aparezca en ese selecto grupo, y haya relativamente
pocas en las centenas siguientes, ha sido una suerte de excusa para denostar
todo el sistema universitario y exacerbar hasta límites no conocidos hasta
ahora la crítica a sus defectos y carencias: ineficiencia, endogamia,
corporativismo, gobierno clientelar, etc, etc. Personalmente no creo que esta
concentración en el espacio y en el tiempo de críticas negativas sea
casualidad, como tampoco lo son las que, desde un planteamiento diferente,
utilizan la excusa de que muchos miembros destacados de Podemos sean
“universitarios” para, acusándoles a continuación de revolucionarios ociosos
que incumplen sus obligaciones, extender la crítica a la Universidad. No deja
de ser curioso también que en un reciente estudio de la Fundación Europea
Sociedad y Educación sobre “Opiniones de los Españoles sobre sus Universidades”
se pregunte sobre la importancia de los rankings y se concluya que “unos dos
quintos (de los encuestados) habían oído hablar de ellos y la inmensa mayoría de
los encuestados (77,4%) consideró muy o bastante relevante el que hubiera (o
no) alguna universidad entre las 200 primeras”.
Vaya por delante que creo
efectivamente que hay muchas cosas que no funcionan bien en la Universidad.
Llevo muchos años en ella, conozco unas cuantas y las he visto desde todos los
ángulos: alumno, profesor, investigador y gestor. Es cierto que los que estamos
dentro tenemos mucha responsabilidad en aquello que no funciona, pero también
es cierto que los que intentan desde dentro cambiar para arreglarlo, chocan no
sólo con los que, también desde dentro, lo dificultan, sino sobre todo con un
marco normativo y unas estructuras que lo hacen casi imposible. Hay que añadir,
por cierto, que nadie con responsabilidades de gobierno se ha atrevido a
abordar este cambio, y sólo hemos visto en estos últimos años tomar medidas
parciales, inconexas, incoherentes, nacidas además sin el necesario consenso.
Pero aparte del empecinamiento de
algunos medios de comunicación influyentes para atacar de forma sistemática a
la Universidad (pública) española, creo que hay dos motivos fundamentales que
facilitan que ésta se encuentre siempre en el foco de las miradas y por tanto
las críticas. El primero tiene que ver con el propio carácter de los que formamos
parte de la institución. Nuestra tarea investigadora nos exige una aproximación
crítica y objetiva a los problemas, que evidentemente aplicamos también a la
visión sobre la institución que nos da trabajo. El segundo motivo tiene relación
con la continua y sistemática evaluación a la que se ve sometida nuestra tarea:
se evalúan titulaciones, centros, proyectos de investigación y, por supuesto,
la actividad personal, tanto docente como investigadora. Las evaluaciones
pueden tener sus deficiencias, pero dudo de que haya otro colectivo público e
incluso privado sometido a semejante presión evaluadora.
Esto sin duda explica que muchos
de los informes u opiniones más demoledores sobre el sistema universitario
público hayan sido elaborados por expertos de dentro de la casa aunque habría
que matizar que, en bastantes de estos casos, el término “experto” puede
aceptarse si se refiere a su labor investigadora o docente, pero es de dudosa
aplicación sobre su conocimiento de la legislación y normativa universitaria, y
de la gestión de la institución.
Pero volviendo al famoso ARWU
Ranking, me gustaría que hubiese alguno similar para hospitales, juzgados, parlamentos
autonómicos, servicios municipales, e incluso para empresas e instituciones
privadas. Ahora bien, si me dicen que el hospital público al que me toca acudir
no está entre los 100 mejores del mundo no voy a temblar pensando que la
atención sanitaria que recibo es deficiente. Muy al contrario, confío en sus
profesionales y en su trabajo. Que no hubiera ninguno español tampoco me llevaría
a pensar que nuestro sistema público de salud es un desastre.
Puestos a buscar algo con lo que
comparar, y dado que la clasificación de las Universidades se basa casi en
exclusiva en la investigación que realizan, se me ocurre utilizar el “R&D
Industrial Scoreboard” publicado por la Comisión Europea que mide la inversión
en investigación de empresas en todo el mundo, y que por tanto da una idea de en
qué medida el sector privado se esfuerza en hacer investigación. Si analizamos
las primeras 100, encontraríamos dos españolas, en concreto Banco de Santander
y Telefónica. Seguro que la mayoría de los que lean esto, yo el primero, se sorprenderán
de encontrar una entidad financiera entre las que más dedican a investigación.
Si nos vamos al grupo de entre 100 y 200 primeras, habría que añadir una más
(Amadeus), y tenemos que alargarnos hasta las 400 para encontrar a otra
(Indra). En suma, tendríamos cuatro empresas españolas entre las 400 mejores (en términos de esfuerzo en I+D), y
seis entre las 500. La pregunta es ¿cuántas universidades hay en esos mismos rangos?
Pues exactamente el doble: ocho entre las 400 primeras, y doce entre las 500.
Estos son los datos, y ahora cada
cual puede hacer sus interpretaciones. Las mías son las que siguen:
- En un país donde la investigación y la innovación no son una seña de identidad y menos una cuestión de estado (véase también Innovation EU Scoreboard 2014, donde España es clasificado como “Moderate Innovator”), podría decirse que las Universidades están por encima del nivel medio del país y del sector industrial en estas cuestiones. Datos, como por ejemplo el porcentaje de patentes por sectores, refuerzan esta idea.
- Las posiciones individuales de universidades, entidades o empresas en determinadas clasificaciones no pueden utilizarse para valorar la situación y posición internacional relativa de un determinado sector de actividad, y mucho menos para guiar políticas educativas, de I+D+i o económicas. Del mismo modo que tener dos empresas entre las 100 primeras en investigación del mundo no coloca a nuestro país por encima de la media en innovación en la UE, el no tener ninguna universidad no sitúa a nuestro sistema universitario por debajo. No sería difícil concentrar esfuerzos políticos y económicos en aupar a un par de universidades entre las 100 primeras del mundo a costa de dejar al resto del sistema universitario incapaz de responder a las necesidades formativas y de investigación del país.
Creo que todos deberíamos ser más
críticos a la hora de abrazar entusiásticamente clasificaciones sin conocer la
metodología, los objetivos y el alcance con que se han realizado, y evitar
utilizarlas como argumento, e incluso como arma arrojadiza. A la Universidad,
además de su labor fundamental en la educación superior y la investigación, debe
exigírsele una función social contribuyendo a crear una sociedad de ciudadanos
formados, comprometidos, y con espíritu crítico. Y eso es algo que nada tiene
que ver con la posición en un ranking.
martes, 4 de noviembre de 2014
Los "Top 100"
No acabo de entender las razones
por las que hay una corriente de opinión, no mayoritaria pero desde luego sí
influyente, que se empeña sistemáticamente en hablar mal del sistema
universitario de nuestro país. Y las universidades, que será por cosa del
género sufrimos a veces el síndrome de mujer maltratada, hasta lo comprendemos
y acabamos hablando mal de nosotras mismas. Y no es que no hagamos cosas mal,
que seguro que hacemos muchas, pero desde luego bastante mejor que otras muchas
instituciones o colectivos desde los que surge la crítica. No en vano la
Universidad sigue siendo una de las instituciones mejor valoradas por los
ciudadanos, si no la que más, nuestros egresados son muy apreciados dentro y
fuera de nuestras fronteras, y la investigación en España (recordemos, 2/3 del
total atribuible a las Universidades), coloca a nuestro país en la novena o décima posición mundial con una cuota de
producción creciente.
A falta de argumentos más
elaborados, el mantra de esa corriente de opinión que mencionaba al principio
se resume en la afirmación “No hay ninguna universidad española en la
clasificación de las 100 mejores del mundo”.
Argumento aparentemente irrefutable.
Efectivamente el dato es correcto, pero de él ni se deduce que el
sistema universitario español en su conjunto sea malo, ni que ninguna
universidad española tenga un reconocimiento internacional relevante. De hecho, me atrevo a decir que
todas lo tienen, en algunos o varios ámbitos de especialización. Por tanto
estamos ante una verdad, con intención de mentir.
Ante esta afirmación solemos
defendernos argumentando que tampoco ninguna de nuestras universidades está
entre las 100 mejor financiadas del mundo, lo cual es rigurosamente cierto. O esgrimimos
que la si la ciencia española está en el buen nivel internacional que está, no
será porque los mayores productores de la misma lo hagamos fatal. O decimos que
con los criterios e indicadores que usan esos rankings, jamás una universidad
española podrá entrar en ese “top 100”.
Pero ahora, y para demostrar la
falacia del argumento, que no del dato, les daré otro dato objetivamente cierto.
Ninguna empresa española está entre las 100 del mundo que más Investigación y
Desarrollo realizan de acuerdo con los datos de la revista IEEE Spectrum. ¿Qué significa este dato?. Pues no lo sé muy bien, pero no
soy tan osado como para afirmar a partir de él que las empresas en España son
un desastre, y que somos un país de ladrillo y turismo. Además, enseguida se me
ocurren contraejemplos y razones para pensar que no es así. Pienso en el grupo
Inditex, ejemplo mundial de innovación
en la logística y la distribución. Pienso en Talgo cuya apuesta por la
tecnología le ha llevado a vender sus trenes por todo el mundo. Y pienso
también en ejemplos, más pequeños, como BQ que en poco tiempo han conseguido
diseñar, desarrollar y vender dispositivos móviles en un mercado enormemente
competitivo.
Será que pienso así porque como
investigador (universitario) intento ser objetivo y deducir siguiendo la lógica,
y no me dedico a buscar datos e interpretarlos de forma que se ajusten a la
conclusión que a priori tengo, cosa que me temo a algunos les pasa cuando oyen
la palabra Universidad.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Investigación e Innovación en la UPNA
NOTA: La siguiente entrada reproduce literalmente una colaboración realizada para un número especial de la revista Negocios en Navarra
No
es desgraciadamente extraño encontrarse con afirmaciones contundentes sobre el
alejamiento entre la investigación que se lleva a cabo en las Universidades y
su plasmación como innovaciones en productos o procesos que lleguen al mercado
o a la sociedad. Y es que estas afirmaciones, prejuicios más bien, solo
intentan presentar como un problema algo que habría de formularse como la
simple constatación de una diferencia de funciones y objetivos: ni la misión de
la Universidad es producir y vender, ni las empresas pueden permitirse
desarrollar conocimiento que difícilmente puedan rentabilizar. El problema por
tanto, o sería mejor decir el reto, es encontrar la vía de conexión entre la
creación de conocimiento y su materialización en avances tangibles para las
personas, y en beneficio económico y social.
Hay que decir por otra parte que en la consecución de este reto no son
solo necesarias las universidades y las empresas, aunque sí seguramente las más
importantes, sino que intervienen otros actores como centros tecnológicos y la
propia Administración.
Sirva
esta disquisición previa para contextualizar lo que ha sido y es el I+D+i en la
Universidad Pública de Navarra, y lo que pretendemos que sea en el futuro. Me
centraré especialmente en todo lo que tiene que ver con la investigación más
aplicada, y en la actividad que deriva en resultados de interés práctico y
aplicación a corto plazo. Es lo que habitualmente llamamos la Transferencia de
Conocimiento, y que constituye ya el denominado tercer pilar de la Universidad,
junto con los de Investigación y Docencia.
Superada
una primera etapa de crecimiento intenso tras la creación en 1987 de la
Universidad Pública de Navarra, la actividad de investigación se ha consolidado
en los últimos quince años en torno a los Grupos de Investigación como unidades
básicas, y cuyo número en este momento supera ligeramente los cien. Esos grupos
han desarrollado, según su estrategia y sus fuentes de financiación, desde
investigación fundamental o básica, hasta otra mucho más orientada o aplicada. La UPNA ha fomentado y apoyado en cualquier
caso la investigación de calidad, ya fuera básica u orientada, mediante la
evaluación sistemática, interna y externa, y la subsiguiente financiación de
estos grupos en función de sus rendimientos.
La
colaboración con empresas se ha realizado mayoritariamente en base a contratos
con las mismas, amparados por el Artículo 83 de la LOU (Ley Orgánica de
Universidades). Es la denominada Investigación
Contratada. Mediante estos contratos, la empresa recurre a los grupos de la
Universidad para beneficiarse de su conocimiento, experiencia, equipamiento,
etc., en actividades que van desde una simple asesoría hasta un complejo
proyecto de I+D. Es evidente que las empresas que recurren a la Universidad
reconocen no solo el conocimiento que ésta genera y atesora, sino también la
capacidad de sus grupos de investigación, de muchos de ellos, en orientar ese conocimiento
para resolver problemas concretos. Los grupos de investigación encuentran en
estos proyectos la motivación que da el ver plasmado el trabajo propio en
resultados tangibles, y en muchos casos inspiración para nuevos retos
investigadores.
Si
bien no todos los grupos de investigación en la UPNA realizan actividades de
transferencia, ni todos lo hacen en la misma medida, puede afirmarse que nuestra Universidad es muy activa en la
colaboración con empresas, muy en especial con aquellas de nuestro entorno
geográfico más próximo. Así, y antes de que la crisis produjera sus
devastadores efectos, la UPNA firmó más de 130 contratos de colaboración con
entidades privadas por importes de 3,2 M€, cifra muy notable. Por otra parte,
en un estudio realizado recientemente se intentó valorar el grado de
satisfacción tanto de las empresas como de los investigadores de la UPNA tras
estos contratos de colaboración. El estudio aportó unos resultados
verdaderamente positivos: así, por ejemplo, en un rango de 1 a 7, el deseo de
volver a colaborar con la UPNA alcanzaba los 5,6 puntos, y el grado de
confianza sobre los resultados de colaboración del 5,8.
La
colaboración Universidad-Empresa mediante contratos ha sido, y es, la dominante
en la UPNA y en general en todas las Universidades de nuestro país. Supone un
mecanismo básico de contraprestación de servicio tecnológico, o de otro tipo,
desde la Universidad a la empresa y, como se ha dicho, proporciona en general
un resultado satisfactorio. Sin embargo, ha de reconocerse que es un modelo de
colaboración que presenta limitaciones, sobre todo si se plantea como un
“encargo” de la empresa a los investigadores. Una colaboración efectiva exige
un conocimiento mutuo importante que derive en confianza, y un seguimiento
continuo en el que los dos agentes se impliquen. Ello solo se consigue mediante
colaboraciones estables que en ocasiones comienzan con una asesoría y devienen
en proyectos a medio y largo plazo.
Otro
modelo de colaboración que ha cobrado fuerza en los últimos años es el de los
denominados proyectos colaborativos.
En ellos universidades, empresas y otros agentes participan en un proyecto en
el que todos obtienen beneficios. Unos en términos de nuevos productos o
procesos a explotar, otros en propiedad intelectual, en publicaciones e incluso
todos en propiedad intelectual de la que poder obtener rentabilidad económica.
Una condición necesaria en este tipo de proyectos colaborativos es la
participación de la administración dinamizando y cofinanciándolos, en aras de
fomentar y consolidar colaboraciones estables de diversos agentes del sistema
ciencia-tecnología-empresa. Ejemplos de proyectos colaborativos los encontramos
en los programas CENIT o INNPACTO del Ministerio de Industria, o los EUROINNOVA
del Gobierno de Navarra. En ellos la UPNA ha tenido un papel muy destacado en
términos cualitativos y cuantitativos, muy especialmente en el área de Energía.
Por
encima de todo, los proyectos colaborativos han tenido en nuestra Universidad
un efecto dinamizador importante, ya que permiten cohonestar, más que en la
investigación por contrato, la posibilidad de realizar investigación de corte
más básico, con sus derivaciones en aplicaciones de interés para una empresa o
grupo de empresas.
No
es inhabitual que uno de los resultados materiales de la investigación
realizada tanto en investigaciones contratadas o en proyectos colaborativos sea
alguna patente, pero aunque la invención corresponda, total o parcialmente, a
los investigadores de la Universidad, la propiedad industrial reside en el
primer caso en la empresa contratante,
mientras que en el segundo suele ser compartida. Por ello este tipo de patentes no cuentan en el “haber” de la
Universidad como uno de sus resultados, situación desafortunada ya que
contribuye a la imagen de que la Universidad no se preocupa de buscar
aplicación a los resultados de su investigación. Sin embargo patentes en
explotación cuyos autores pertenecen a la UPNA están detrás de productos
actualmente en el mercado como bioinsecticidas, convertidores de potencia en
paneles solares, chips de comunicación o selectores de monedas.
Hay
que decir también que en proyectos de investigación más básicos, nuestros
investigadores ven en muchos casos el valor práctico de sus trabajos y solicitan
la concesión de la patente correspondiente a través de la Universidad como
entidad titular. Son las denominadas patentes
universitarias. En esta cuestión, la del registro de patentes, la
Universidad Pública de Navarra aparece sistemáticamente en los rankings, entre
las seis primeras españolas (relativo a su tamaño), dato que viene a corroborar
lo dicho anteriormente sobre la apuesta de nuestra Universidad por la
transferencia de conocimiento.
El
problema de estas patentes universitarias, no solo aquí sino en todas partes,
es el de su comercialización y explotación. Ni las Universidades tienen
estructuras de comercialización ni, habitualmente, las patentes tienen la
madurez necesaria para ser reconocidas y valoradas por el mercado. De ahí que
la Universidad Pública de Navarra, junto con las otras ocho universidades del
denominado Grupo G9, se lanzó en 2011 a la creación de una Sociedad Limitada,
denominada Univalue, de la que es socia,
y cuyo objetivo es la valorización y comercialización de la cartera de patentes
y tecnologías del grupo de Universidades.
Se
trata de una experiencia pionera en nuestro país, y no demasiado común en el
contexto internacional. Difícilmente una universidad del tamaño de la nuestra
podría permitirse abordar la labor de valorización y comercialización de sus
patentes, y por ello la alianza con otras universidades con este fin se ha
considerado imprescindible. Univalue no ha nacido en las condiciones más
favorables pero confiamos en que la intensa labor que se está realizando dé sus
frutos más pronto que tarde.
Aparte
de la comercialización de las patentes universitarias por la vía de licencias a
terceros, una posibilidad alternativa, y particularmente interesante, es que
sea explotada por los propios investigadores a través de la creación de una
empresa, un spin-off universitario.
Ni siquiera en ocasiones es necesaria, ni incluso conveniente, la existencia de
tal patente, para que el know-how más
práctico dé lugar al producto o servicio que el spin off va a comercializar.
Las universidades llevamos ya muchos años apoyando y promoviendo la creación de
este tipo de empresas, aun en un entorno legislativo que no acaba de ser todo lo
favorable que sería necesario. La UPNA aprobó el pasado año una normativa que regula
incluso la posibilidad de que la Universidad como tal participe en el capital
de sus spin-off, como una forma de dar soporte y empaque a la empresa y también
de obtener retornos económicos si la iniciativa prospera.
Lejos
de quedarse en una mera cuestión de deseo o voluntad, el trabajo desarrollado
en este ámbito ha dado sus frutos. De las 13 spin-offs creadas en Navarra en
los últimos cinco años, 11 han surgido de la Universidad Pública de Navarra, y
siguen activas en este momento. Algunas de ellas han recibido premios en
certámenes nacionales tan importantes como el premio Bancaja, el UniProyecta, o
el RedEMPRENDIA.
Volviendo
a la cuestión de la colaboración directa entre la UPNA y el mundo de la
empresa, y siempre con el objetivo de explorar nuevos cauces que mejoren y
faciliten esa colaboración, se puso en marcha hace casi tres años el programa
de Cátedras Institucionales y de Empresa.
Más allá de colaboraciones puntuales en proyectos concretos, se trata en suma
de buscar alianzas estratégicas, estables en el tiempo a medio y largo plazo, con
una financiación mínima garantizada, y dentro de las cuales puedan abordarse
actividades de investigación, docencia, transferencia y divulgación. Se
establecen mecanismos de seguimiento de la colaboración al mayor nivel
institucional, que garanticen que se cumplen los objetivos planificados.
En
este momento podemos destacar la Cátedra de Energías Renovables (con Gamesa,
Acciona Energía, Acciona Windpower, Ingeteam y CENER), la Cátedra Grupo AN, la
Cátedra de Investigaciones sobre la Igualdad y la Integración Social (Cruz
Roja, Secretariado Gitano, Caritas, Red de Lucha contra la Pobreza y la
Exclusión Social), la Cátedra Mutua Navarra, y la Cátedra Colegio de Ingenieros.
A ellas hay que unir también tres cátedras financiadas por Fundación la Caixa
sobre Patrimonio Inmaterial, Liderazgo y Estrategia Empresarial, y UNESCO de
Ciudadanía, Pluralismo y Convivencia.
Esperamos
mucho de estas nuevas experiencias de colaboración, y confiamos también que a
estas cátedras mencionadas puedan unirse otras en un futuro. Pretendemos
hacerlo especialmente con empresas e instituciones que operan en nuestro
entorno más próximo.
Otra
iniciativa, ésta mucho más reciente, que se está llevando a cabo dentro de la UPNA
es la creación de Institutos de
Investigación. Estos institutos aglutinarán a los investigadores más
activos en torno a las áreas de investigación más potentes de la Universidad, y
con mayor potencial de transferencia al entorno. Sin abandonar las líneas de
investigación ahora en curso, se trata de apostar por algunas en que el
potencial de colaboración y las sinergias son mayores. La creación de estos
institutos redundará sin duda en una mejor visibilidad y comprensión de la
investigación, y de la oferta tecnológica de la UPNA, y por tanto facilitará
también la interacción con el entorno económico y social.
En
esta colaboración he intentado resumir de qué forma se aborda en la
Universidad, y muy en particular en la Universidad Pública de Navarra, el
objetivo de convertir la ciencia y la creación de nuevo conocimiento en valor
económico y en progreso social. La Universidad debe preservar su función
irrenunciable de investigar para contribuir a la creación de nuevo
conocimiento, pero a la vez debe velar por que éste se oriente a la generación
de ese valor. Para ello debe mantener una relación fluida con el entorno
económico y social, especialmente el más próximo. El hecho de haber sido
considerada, según el último estudio del BBVA-IVIE, como la cuarta universidad española en “Innovación
y aplicación de sus resultados”, siendo solo superada por las grandes
politécnicas, es sin duda una prueba del éxito en esta misión. Nuestra
intención es seguir apostando en esta línea, y algunas de las iniciativas
apuntadas más arriba nos permitirán sin duda mantener y mejorar nuestros
resultados.
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